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  • SOBRE LOS WALLACE IRLANDESES

  • EL ULTIMO IRLANDES (The last Irishman)

    Edward Wallace O'Reilly Nació el 9 de abril de 1889 en Lacken, Co. Westmeath, Irlanda. Era el segundo hijo de Peter Wallace Cassidy y Ellen O'Reilly. Fueron sus hermanos: John Peter (1887/1968) y Patrick (1891/1914). Su madre falleció el 13 de octubre de 1905 cuando sus hijos tenían 18, 16 y 14 años. Patrick, murió el 21 de junio de 1914 a los 23 años a causa de una hemorragia cuando lo estaban operando de una afección en la garganta. La inesperada muerte de Patrick afectó en extremo a su padre y hermanos. Edward Wallace O'Reilly
    En 1914, al declararse la gran guerra, el viejo Peter -que todavía sentía el peso de la pérdida de su hijo menor- no estaba dispuesto a entregar la vida de Edward al servicio de la Corona Británica. Sin vueltas, y ante la desesperación de vislumbrar a su segundo hijo en tierras extrañas luchando bajo una bandera extranjera, vendió algunos de sus bienes y con la magra paga obtenida compró un pasaje y lo envió a Liverpool, donde debía embarcarse rumbo a Australia.
    En el puerto de Liverpool Edward comenzó a sentir el peso de la soledad. Allí entabló conversación con Victor Kalisky, un inglés de origen judío y sastre de profesión, que lo convenció para que cambiara su destina y lo hiciera rumbo a la Argentina. Con toda lógica, Kalisky le dijo que si emigraba a Australia, los ingleses lo reclutarían con mayor facilidad que si se quedaba en Irlanda. La teoría no era desacertada y las razones demasiado fuertes para que Edward las desestimara. Convencido por Kalisky, abordó el buque "Oranza" rumbo a Buenos Aires.
    Edward sabía que tenía familiares en el país sudamericano, y a pesar de tener la esperanza de hallar el apoyo necesario para emprender una nueva vida, lo envolvía una fuerte incertidumbre. Al abandonar su amada Irlanda se alejaba de sus seres queridos, mientras que el recuerdo de Paddy, luchando desesperadamente con la muerte en plena juventud, seguía oprimiéndole el corazón. Allí quedaban sus amigos y vecinos: los traviesos Reilly, los entrañables Coffey, los joviales Muldarry, los hospitalarios Cormack, los bailarines Crumb, los musiqueros Murtagh y tantos otros que años más tarde recordaría nostalgiosamente en su correspondencia. En soledad, acompañado tan sólo por sus recuerdos, revivía en su interior el melodioso trinar de los pájaros; el nacimiento de las flores de mayo y el dulce murmullo del río Inny que se expandía por las praderas cual música de duendes invisibles. Allí quedaban, lejanas las colinas de tréboles silvestres envueltas en el aroma de la turba encendida que impregnaba el aire del valle. La Iglesia y la Escuela, sus travesuras infantiles y el salto que ágilmente hacía de la cerca para entrar a clase, burlando el ingreso por el portón del jardín. ¡Sólo Dios sabía por dónde vagaban sus pensamientos! Quizás recordara a alguna niña a la que alguna vez le dedicó un poema o le cantó alguna canción; en las tertulias que se armaban en la casa de los Coffey, donde se tocaba música, se cantaba y se bailaba alegremente. Ahora eran solo recuerdos. Él sabía que no había retorno; que jamás regresaría a Irlanda, entonces trató de ordenar sus sentidos, y se propuso guardar cada uno de esos momentos como un tesoro que aliviaría la tristeza de su desarraigo. El 01 de septiembre de 1915 el buque "Oranza" amarró en el puerto de Buenos Aires y se despidió de Victor Kalisky, tomó un tren rumbo a Pergamino y por primera vez entraba en contacto con "la Argentina". Su asombro no tenía límites. No podía creer lo que veían sus ojos. ¡Esta tierra amplia, generosa e infinita, era algo increíble! ¿Sabrían los irlandeses que existen estas interminables extensiones de tierra en este país tan lejano? ¡Cuando les relate a su padre y hermano lo que estaban viendo, pensarán que está delirando! Pero lo que menos sabía Edward, era que su abuelo paterno había visitado a sus familiares en la argentina a fines del siglo XIX, y que cuando quisieron tomarle una fotografía no aceptó, argumentando: "¿Quién se va a interesar por verme después de muerto?".
    En Pergamino lo esperaban sus primos Thomas, Santiago, Gerald, Maggie y Juan, hijos de Gerald Leonard, casado con Esther Wallace, nacida en Multyfarnham en 1856 y fallecida en Salto el 03/06/1914. El recibimiento fue cálido y espontáneo. Maggie y Gerald serían sus mejores amigos y confidentes. Posteriormente ingresó a trabajar en la empresa ferroviaria y tuvo como destino, después de Pergamino, a San Nicolás, Villa Constitución y Venado Tuerto, donde se radicó definitivamente. Durante un encuentro de la comunidad irlandesa de Venado Tuerto conoció a Rosa, la hija menor de John Kenny y Catalina Heavy. Rosa le pidió a su madre que invitara al joven irlandés a tomar el té, y Mrs. Kenny accedió, pero le pidió a Minnie Kehoe (a la sazón viuda de Patrick Rourke) que hiciera de nexo. El trabajo de Minnie tuvo éxito porque Edward y Rose se casaron en 1928 y tuvieron siete hijos. Relatos orales dicen que Minnie Kehoe de Rourke, era la "casamentera" de la comunidad.
    Mientras tanto, el corazón de Edward seguía guardando recuerdos de su añorada Irlanda. Las cartas que escribió a su hermano, revelaban su aflicción. Los domingos después de Misa, se refugiaba en su "galponcito" donde guardaba, además de sus herramientas, el violín y la gaita que trajo de Irlanda con sus libros de música. Allí escribía sus poemas, a los que les ponía música; redactaba su correspondencia y se juntaba con su Irlanda querida. Ese era su mundo. La intimidad de su vida que nadie conocía, pero que todos respetaban, era celosamente vigilada por su esposa a Rosa que siempre estaba atenta a que nadie perturbara esos momentos de Edward. Es que sólo ella sabía de sus sentimientos y la manera en la que él aliviaba la tristeza de su desarraigo.

    Edward Wallace falleció el 18 octubre de 1980 a los 91 años. Fue "el último irlandés" que habitó en Venado Tuerto. A través de estos versos quiero rendir homenaje a mi padre, de quien tengo el más bello de los recuerdos. Fue un gran hombre, que a pesar de su severidad, se mostró comprensivo y solidario; agudo observador de la realidad, supo guardar el equilibrio con gran sentido de humor; fervoroso apasionado por la Argentina, admiró al hombre nativo de la tierra que lo cobijó. Con su violín no sólo ejecutaba música irlandesa, también gustaba de los viejos tangos y del folclore nacional. ¡Cuántas veces escuché ese violín ejecutar "Adiós muchachos", "Adiós pampa mía", "Clavel del aire" y "Farol de los Gauchos", entre otros! Para vos viejo querido, de quien tanto aprendí, este recuerdo imborrable que guardo de tu persona.

    The Old Man

    The tears have all been shed now
    We've said our last goodbyes,
    His soul's been blessed
    He's laid to rest,
    And its now I feel alone,
    He was more than just a father
    A teacher, my best friend;
    He can still be heard In the tunes we shared
    When I play them on my own.
    I never will forget him
    For he made me what I am:
    Though he may be gone Memories
    Linger on- And I miss him
    The Old Man.
    As a boy, hed take me walking ´
    By mountain, field and stream
    And hed show me things `
    Not known to kings,
    And secret between him and me
    Like the colours on a pheasant
    As he rises in the dawn
    Or how to fish, and make a wish
    Beside a Fairy tree.
    I thought hed live forever `
    He seemed so big and strong
    But the minutes fly,
    And the years roll by
    For a father and a son
    And suddenly when it happened
    There was no much left unsaid;
    No second chance
    To tell him Thanks,
    For everything hed one.

    Familia Wallace Kenny - Abril de 1954Los hermanos Wallace Kenny - 1948

     

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